Maldita «Pasta Base»

Quienes me conocen saben que en algún momento de mi vida incursioné tipo de atrevido a entrenar formativas de fútbol. Primero en Lazareto, donde tuve el orgullo de dirigir a mis hijos Nicolás y Gian Franco, y luego, en Parque Solari por invitación de un amigo de la familia: Carlos Herrmann.

En los dos casos el tema deportivo fue para mi un detalle, siempre tuve muy claro que entre 13 y 17 años no es prioridad la formación deportiva sino la humana.

Supe ganarme la confianza de decenas de gurises y el cariño que aún hoy perdura. Me los cruzo, me hablan de sus vidas, me cuentan sus historias y a veces me piden que vuelva a entrenar…

Durante estos años en que dejé de ser un atrevido DT me crucé con muchos de mis gurises en situaciones de vulnerabilidad y en otros casos hasta con la vista perdida, olvidados, desvalidos. Situaciones que detecté siendo entrenador al punto que en uno de los clubes entrenábamos y a cuarenta metros del club varios jugadores se me perdían en la maldita «pasta base». También me encuentro cada tanto con hombres laburadores, responsables y siempre cariñosos que fueron por el camino de creer que podían…..y pudieron.

En todas esas historias tuve a quien apodé «Manolette del gol». De chiquito en la vuelta del club , hasta que cumplió 13 y se inscribió. Un nene divino de compañero que debutó e hizo «su gol».

Hoy me escribió, desde la cárcel.

Perdió el partido con la «maldita pasta base», durmió en la calle, auto abandonado, excluido de la sociedad porque pensó que ese era el único camino. Pero es tan «Manolette del gol» que me dijo: «quiero salir, quiero armar una familia, quiero un trabajo honesto».

El micro mundo en el que los inhumanos periodistas nos manejamos nos hacen pensar que nuestros temas super importantes marcan la vida de todos y todas. Si «sultano renuncia», si «mengano es investigado»,si perengano usó el poder a su antojo y no nos damos cuenta que el sistema falla por todos lados. Pretendo solo un pensamiento individual que debería ser una cuestión de estado: la «maldita pasta base» no nos puede seguir raptando como sociedad a «Manolettes del gol» inocentes, cariñosos, puros. De eso deberíamos hablar aparte de la vorágine de todos los días.

Daniel Caiazzo