Nuestra Señora de Lourdes

Ya en vida de Bernadette, multitud de católicos creyeron en las apariciones de la Virgen María como vehículo de la gracia de Dios, y el papa Pío IX autorizó al obispo local para que permitiera la veneración de la Virgen María en Lourdes en 1862, unos diecisiete años antes de la muerte de Bernadette.

Bernadette Soubirous fue proclamada santa por Pío XI el 8 de diciembre de 1933. Desde entonces, la advocación de la Virgen María como Nuestra Señora de Lourdes ha sido motivo de gran veneración, y su santuario es uno de los más visitados del mundo: unos 8 000 000 de personas peregrinan allí cada año.​

Nuestra Señora de Lourdes está asociada al dogma católico de la Inmaculada Concepción, ya que la visión se presentó a Bernadette bajo este nombre, según lo que ella afirmó. La Iglesia católica invoca a Nuestra Señora de Lourdes como patrona de los enfermos, porque muchos de ellos acuden a Lourdes por la reputación milagrosa del agua de Lourdes.

Bernadette Soubirous, una adolescente pobre y analfabeta de catorce años de edad, aseguró haber visto en dieciocho ocasiones a la Virgen María en la gruta de Massabielle, al occidente de Lourdes entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858.[1]

Ella decía que se le aparecía una señora joven, vestida de blanco con una cinta de color azul a la cintura, con las manos juntas en actitud de oración, con un rosario colgándole del brazo, con una rosa dorada en cada pie y un velo blanco cubría su cabello.[cita requerida]

En la tercera aparición, la niña aseguró haber hablado con la Señora en gascón, dialecto occitano que se usa en la zona, la cual se dirigió a ella usando el «usted» (voi) de cortesía y pidiéndole: «¿Me haría usted el favor de venir aquí durante quince días?» (Boulet aoue era gracia de bié aci penden quinze dias?). Bernadette le prometió que lo haría. A su vez, la Señora le anunció que no le prometía hacerla feliz en este mundo, sino en el otro.​

En sucesivas apariciones, el mensaje fue tomando cuerpo:​

  • Invitación a la penitencia y a la oración por los pecadores (21 de febrero).
  • Invitación a vivir una pobreza más evangélica .
  • Solicitud de que se hicieran procesiones a la gruta y le fuera erigida allí una capilla (2 de marzo).

El 25 de febrero, según testificó Bernadette, la Virgen le dijo que fuera a tomar agua de la fuente y que comiera de las plantas que crecían libremente allí. Ella interpretó que debía ir a tomar agua del cercano río Gave y hacia allá se dirigió. Pero la Señora le enseñó con el dedo que escarbara en el suelo. Al excavar en el fango e intentar beber, Bernadette ensució su rostro, y sus gestos y apariencia fueron motivo de escepticismo por parte de muchas de las 350 personas presentes, ya que el manantial no se manifestó de inmediato. Sin embargo, poco después surgió una fuente de agua[1][3]​ que, hasta el día de hoy, es meta de peregrinaciones por parte de muchos católicos y que ha sido testigo de numerosos milagros.[4]​ El manantial que brotó aquel 25 de febrero de 1858 produce cien mil litros de agua por día, de forma continua desde aquella fecha hasta nuestros días.

Ante la reiterada petición de Bernardette de que revelara su nombre, el 25 de marzo de 1858 (en su decimosexta aparición) la Señora le dijo : «Que soy era Immaculada Councepciou» («Yo soy la Inmaculada Concepción«).[1][3]​ El dogma católico de la Inmaculada Concepción de la Virgen María había sido solemnemente proclamado el 8 de diciembre de 1854, tres años antes. La expresión resultaba ajena al vocabulario de Bernadette y, en principio, fue motivo de desconcierto, tanto en el propio Padre Peyramale -párroco de Lourdes- como en otras autoridades eclesiásticas y civiles. Sin embargo, Bernadette mantuvo una consistente actitud de calma durante todos los incisivos interrogatorios que se le hicieron, sin cambiar su historia ni su actitud, ni pretender tener un conocimiento más allá de lo dicho respecto de las visiones descritas.

imagen de la Virgen de Lourdes que los fieles católicos veneran sigue en general la descripción que Bernadette hiciera de la Señora:

  • Joven.
  • Vestida de blanco con una cinta de color azul a la cintura.
  • Con las manos juntas en actitud orante.
  • Con un rosario colgándole del brazo.
  • Con una rosa dorada en cada pie.
  • Un velo blanco cubría su cabello.
  • partir de los hechos testimoniados por Bernadette Soubirous, la Iglesia católica consideró a la Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de Lourdes, la patrona de los enfermos.
  • Es importante señalar que tanto las apariciones de Lourdes como la existencia de hechos «no explicables científicamente por las leyes naturales» no constituyen artículos de fe —estos últimos incluidos en el Credo—.
  • «Le Bureau des Constatations Médicales» y de «Le Comité Médical International» de Lourdes, que rigen el análisis científico de las curaciones producidas en Lourdes, lo hacen de forma sumamente estricta. De los aproximadamente 7000 expedientes de curación registrados desde las apariciones, solo 70 casos han sido reconocidos por la Iglesia como milagros en un siglo y medio. «La Iglesia siempre ha sido muy cuidadosa acerca de las curaciones», dijo el facultativo francés Patrick Theillier, director de la oficina médica. «Prefiere no reconocer un milagro verdadero a proclamar uno donde no existe».[7]​ En efecto, tal es el grado de rigor manifestado en este tema que la curación de Marie Bailly, aquejada de peritonitis tuberculosa en último estadio (el famoso «Dossier 54» de los Archivos de «Le Bureau des Constatations Médicales» de Lourdes), y testimoniada por el mismísimo -y por entonces escéptico- Dr. Alexis Carrel[8]​ (Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1912), no se encuentra incluida entre los casos considerados milagrosos por la Iglesia católica, simplemente por una constatación insuficiente del estado psíquico de la paciente previo a su curación (ver detalles más adelante).