Desde hace algunos años, impulsado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se ha definido el 12 de junio como Día Internacional de la Lucha contra el Trabajo Infantil. La Convención sobre los Derechos de los Niños de la ONU, en su artículo 32, sostiene: “Los estados partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social”. Uruguay adoptó esta convención en 1990 por la Ley 16.137.

A partir de este marco general, en 2000, siguiendo una directiva de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se creó por decreto la Comisión para la Erradicación del Trabajo Infantil (CETI) bajo la presidencia del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, con los cometidos de asesorar, coordinar y proponer programas tendientes a la eliminación del trabajo infantil.

En 2015, en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 8 de la ONU, se definió que para 2025 se debía erradicar el trabajo infantil de forma definitiva. Seguramente este objetivo no se alcance, pero no por ello debemos renunciar a seguir luchando para erradicarlo

son quizá más conocidas por el público, por la literatura de la época. Aparecen en las novelas de Charles Dickens o de Émile Zola, por ejemplo, con un tono casi de denuncia de la dramática situación que vivían estos niños que trabajaban. Estas novelas colaboraron a construir son quizá más conocidas por el público, por la literatura de la época. Aparecen en las novelas de Charles Dickens o de Émile Zola, por ejemplo, con un tono casi de denuncia de la dramática situación que vivían estos niños que trabajaban. Estas novelas colaboraron a construir socialmente una sanción moral al trabajo infantil que no existía anteriormente.

Todo este malestar respecto del trabajo infantil desde un punto de vista moral se traduce en las primeras leyes de prohibición o de control del trabajo infantil en Inglaterra a principios del siglo XIX y en Francia en 1843. Estas leyes son los antecedentes de una profusa legislación sobre esta problemática a nivel internacional, como a nivel de la mayoría de las naciones.