Wilson!»Vamos a asegurarle al país el destino democrático que merece” a 40 años de su regreso del exilio

Este domingo se cumplen 40 años del regreso de Wilson Ferreira Aldunate de su exilio, el 16 de junio de 1984.

Desde el exterior, el caudillo nacionalista se había erigido en uno de los enemigos más fuertes de la dictadura cívico militar que gobernaba Uruguay. Por ese motivo no solo estaba proscripto, sino además requerido por orden de las Fuerzas Armadas.

Había vivido en Buenos Aires primero, y después Londres y España, cerca de Barcelona. Pero en los primeros meses de 1984 se instaló de nuevo en la capital de Argentina, luego de la restauración de la democracia en el país vecino.

Después de meses de discusiones, dentro de su partido y con otras fuerzas de la oposición, sobre si era más útil permaneciendo en Buenos Aires o debía volver a Uruguay, finalmente optó por el retorno, que emprendió en el legendario Vapor de la Carrera, acompañado de decenas de militantes blancos y periodistas de nuestro país y de buena parte del mundo.

Cuando el barco ya había ingresado en aguas uruguayas, Wilson, engripado y disfónico, hablaba de este modo con quienes lo rodeaban.

Volvemos a Montevideo y esto es un triunfo del buen sentido y cada triunfo del buen sentido es una victoria popular, no tenemos la más mínima duda de que por este mismo camino y a través de una férrea unidad de la gente por encima de banderías y de cintillos vamos a asegurarle al país el destino democrático que merece. Y se lo vamos a asegurar ya.

El vapor de la Carrera cumplió la parte final de su trayecto rodeado por buques de la Armada Nacional hasta recalar en el puerto de Montevideo.

Apenas bajó a tierra Ferreira Aldunate fue detenido y trasladado al cuartel del Ejército en Trinidad, en el departamento de Flores. En esa prisión permanecería hasta su liberación, dos días después de las elecciones en las que triunfó Julio María Sanguinetti.

Aquella vuelta de Wilson es recordada como uno de los hitos de la salida de la dictadura, y la foto de él, cuando acababa de pisar el muelle del puerto y caminaba arrestado, con las dos manos en alto haciendo el gesto de la V de la victoria, es una de las imágines más icónicas de ese período.